Sin importar cuánto se considere la importancia de su aporte, F. Gehry impacta, y en el mundo de la arquitectura impactar tiene valor, más en un momento histórico (los últimos 30 años) en el cual no podemos sino considerarnos en una etapa cuando menos insípida en lo relativo a los nuevos valores de la arquitectura, el nuevo estado, el nuevo “itsmo”
Ante su fallecimiento, es sano pensar su aporte a la historia y el papel que jugó en ella. Gehry representa al final esperanza de iniciar un nuevo siglo con una estética nueva, las “formas” que por fin fueran un paso real de como trascender al modernismo que, como pisada de gigante, surgió desde Dessau y que sus réplicas, como es natural después de un terremoto, tenían a los arquitectos de final de siglo sintiendo que tenían la obligación histórica de salir por fin de esa influencia tan pesada. Gehry para finales de los 90’s era esa esperanza, como limpiar la mesa y suponer que el Post Modern en verdad dio algo de valor, pero sin admitirlo y tratando de dejar claro que era algo nuevo.
Pero la arquitectura es resultante de la sociedad, jamás al contrario; la arquitectura no modela la realidad ni la transforma a niveles macros; pensar que es ella quien define el mundo es proponer ideas desde el pedestal del ego, que suelen ser pedestales enormes.
La profundidad del movimiento deconstructivista no es lo que los edificios de Gehry reflejan; este error tan común desvirtúa la solidez del movimiento que en realidad pocos entienden y que es más un concepto de filosofía, que hay que entender a Derrida antes de pasarlo a una planta arquitectónica, pero escribir sobre cómo muchos, al ver un edificio sin angulos rectos lo define como deconstructivista, es tarea de otro documento.
La arquitectura de Gehry es más una postura personal de alguien que se montó en una ola con muchísima fortuna; el mundo necesitaba a alguien y él estaba en el sitio correcto de la historia, Lo que pasó después fue un deslizarse en un tobogán de oportunidades únicas e irrepetibles; los ríos de dinero para que tu ciudad tuviera una obra suya eran caudalosos; incluso quienes no tenían el suficiente, se esforzaron en conseguirlo, Ciudad de Panamá fue ese muchacho que a como dé lugar tendrá el nuevo iPhone, aunque la nueva versión será idéntica a la anterior, pero considera obligación mostrar su estatus.
Gehery deja una colección de edificios imponentes; difícilmente pasan desapercibidos; su arquitectura trascenderá por icónica, pero sera muy poco probable que genere escuela. Entró al nuevo siglo con la idea de ser un movimiento real cargado de ideales, y en el primer cuarto, encuentra a un mundo austero, hiperconectado, aterrorizado climáticamente, en guerras, recursos limitados, geopolítica de aislamiento, una pandemia; todo esto crea nuevas necesidades, Es para esta generación más valioso reformar lo existente, rehabitar espacios y transformar zonas que plantar iconos económicamente mastodonticos en las ciudades para ubicarte en el mundo.
Es esa sociedad a la que hay que darle respuestas, y son esas necesidades las que están antes que la arquitectura.
Primero la necesidad, luego la arquitectura.



