sábado, 4 de febrero de 2017

CONVERSANDO CON EDIFICIO Y TUS RECUERDOS






Escribiremos sobre algo curioso esta vez, algo que se terminan quedando en tu historia personal y poco a poco entendes como es que una persona vieja insiste en sus historias, esta es una de ellas, prematura, pero lo es…
Para finales del año 2004 el centro comercial Multiplaza en Antiguo Cuscatlán, estaba a punto de inaugurarse, y yo tenía a mi cargo (en la única vez que he tenido un empleo formal) 9 locales comerciales en su construcción, era una época de caos porque la fecha de apertura se iniciaba en unos poco días, por lo que ya habían locales comerciales funcionando y haciendo pruebas de ventas algunos, entre el movimiento constante se podían ver frecuentemente gente que claramente no eran parte del proceso de construccion eran visitantes y generalmente propietarios de los negocios, por tal razón ver un anciano deambulando no era del todo extraño, era alto delgado y vestía de blanco, pero capto mi atención por algo específico que hacía y que los demás visitantes no, miraba con detenimiento hacia arriba, miraba el techo y los tragaluces que ilumina la plaza interior principal del centro comercial su mirada era de mucha concentración pro no era estático, caminaba y se desplazaba, lo vi y después de un rato desapareció, o tal vez yo deje de darle importancia, en verdad tenía muchas más cosas que resolver esos días.
Al día siguiente volvió a aparecer, haciendo lo mismo y entonces si capto mi atención, por que las personas por lo general usan un edificio y solo las primeras veces parecen impresionarse, luego solo lo usan, la cotidianidad aparece pronto en la arquitectura, esta vez igual parecía muy interesado en el techo e igual que un día antes no dejaba de moverse con sus manos a su espalda, al acercarse en su caminata a mi zona y pasar frente a asintió con su cabeza sonrió y dio un buenos días, al cual respondí y seguimos en lo nuestro cada uno, pero al cabo de un rato paso algo extraño, a unos metros lo vi detenido junto a una columna de una forma un poco extraña me acerque y no me equivocaba algo andaba mal, parecía algo mareado, y un poco pálido, le pregunte si necesitaba algo, nos acercamos a una silla y dijo que solo era una baja de azúcar, al quedar sentado fui a un local cercano que ya empezaba a hacer pruebas de ventas compre una soda y eso bastó, unos minutos más tarde estaba bien, dijo que no andaba solo y pronto irían por él, y así fue, en realidad no fue nada serio se despidió y pregunto mi nombre que hacía en el lugar, cosa que era puro formalismo y buena educación de su parte, se despidió ya con alguien que lo acompañó se fue y al día siguiente no apareció.
Pasaron varios días, y olvide lo q paso, cada vez más cerca la inauguración del edificio, el movimiento era más fuerte, entre todos los que caminaban vi a lo lejos una cara conocida y era la de un amigo de la universidad que ya no veía desde un largo rato, pero desapareció, para luego volver a aparecer bajando la escalinata hacia la plaza, me vio, me saludó, para ese entonces era parte de la asociación de estudiantes de arquitectura de El Salvador y andaban en grupo haciendo un recorrido por el centro comercial, emocionado en verdad  por que andaban justo con el diseñador del edificio, cosa que me sorprendió tanto como lo emocionaba a él, el diseñador era el arquitecto mexicano Ricardo Legorreta famoso en todo el mundo y  colaborador del también famoso arquitecto Luis Barragán ganador del premio Pritzker (el Oscar de la arquitectura) con quien se crea un estilo e identidad a mi juicio mesoamericana de valor, con todo eso, la emoción de mi amigo no era en vano, recorrer el edificio con Legorreta era algo que no podía yo perderme asi que me quede esperando la comitiva un poco rezagado, al aparecer girando de un pasillo como ya supondrán el famoso arquitecto era el mismo señor que recorría el edificio una semana antes, yo impresionado solo sonreí más, pero la sorpresa fue que al pasar cerca de donde estaba que era justo cerca de donde había sucedido lo de su baja de azúcar, me reconoció, se acercó y saludo diciendo: -“ Ahhh hola, Ernesto, ¿Cómo estás? ¿Cómo va tu proyecto? ¿Ya casi terminas?...”  sonreía,  parecía hablarle a un igual lo cual era mera cortesia, y cosa que pensaron todos los que se detuvieron para oír mi respuesta que solo fue un : “más o menos…” en realidad no se me ocurrió decir nada más fue la respuesta más absurda y vana posible pero  ahora que lo pienso, tampoco había nada más que decir no tenía nada para dar en ese momento a una conversación con él si de arquitectura hablaríamos, era en verdad demasiado, en un mal momento, y yo muy joven, me dio la mano y se fue para seguir hablando de su edificio, mi amigo solo me vio de lejos casi tan sorprendido creo que yo pero no más.
Siempre recuerdo esa historia cuando miro algo que yo diseñé construido, creo que entiendo lo que él hacía deambulando en el centro comercial solo, jamás  mis trabajos tendrán ni la calidad ni la escala de los suyos, jamás, pero si puedo experimentar lo que creo era su sentir y es que al final de un trabajo no importa si este es una catedral o un gallinero, sí un gallinero, mirarlo construido es ver tus ideas convertidas en físico, y empiezan tus preguntas sobre en qué te equivocaste, adonde te quedaste corto, en qué exageraste, adonde debiste detenerte, etc .Como decia Wright : "Considera tan importante construir un gallinero como una catedral el caracter puede ser grande en lo pequeño y pequeño en lo grande..."
Creo a estas alturas que eso veía Legorreta en los tragaluces del centro comercial, como entra la luz y si así deseaba q fuera como el usuario vivirá su edificio, su obra, su espacio, ese usuario al que se debe y al que nos debemos todos.
Esa es mi historia con Ricardo Legorreta historia que seguro solo yo recordé.

martes, 10 de enero de 2017

La modesta iglesia y la nota personal




Esta es una nota personal, si, personal, y aunque este sitio es principalmente para hablar de diseño y hasta ahora únicamente de El Salvador, que sea personal, no me aleja de la arquitectura, así que haré uso de mi poder para controlar este soliloquio, que sé, que es en definitiva todo lo que se escribe acá.
El caso es que ante la muerte de un familiar, mas precisamente una tía, se deben de cumplir los ritos precisos, y en ese camino ella sin proponérselo seguramente nunca, me llevó a conocer un edificio impactante a mis ojos, la Ermita de San Pedro en el barrio Sutiaba en la ciudad de León en Nicaragua y  aunque sus habitantes se consideran más un poblado original que un barrio de la ciudad, esta los ha absorbido completamente y funciona como tal y nohay nada que hacer con eso, poseen entre su asombrosa colección de iglesias y templos, esta que a mi criterio representa un estilo único no fácil de encontrar en otros sitios.

La iglesia seguramente será catalogada por los expertos de las oficinas de categorización de edificios de valor ( de existir en León) como  “Arquitectura de estilo colonial” y quedaran satisfechos de su trabajo y pasarán al siguiente, pero estarán cortos muy cortos, su volumetría es simple, y mucho, es una estructura franca, no miente, no busca sobresalir ni impresionar al visitante desde afuera, no pretende ser osada ni agresiva, te invita a entrar es amigable con su entorno, su escala apenas la hace resaltar del perfil de barrio, eso la hace útil no impositiva, su estilo “colonial” es más bien “básico” y me atreveré a decir que primitiva, sus paredes de adobe son más gruesas de lo que deberían ser, ya que no soportan total mente el peso de la cubierta ni tienen gran altura, es claro que deseaba dar una sensación de solidez y formalidad, la carencia de adornos exagerados dan una idea de humildad particular, no es pobre, es simple, es directa y pura.


Contar con tres naves definidas es una sorpresa agradable a la vista debido al tamaño que su exterior supone, esta separación la define la estructura de marcos de madera que conforman los pilares solidos claramente de árboles  imponentes que sin detalles de ornamentación trabajan sosteniendo el techo sin tratar nunca de ocultar su funcion, y parecen orgullosos de hacerla y de ahí la franqueza de su trabajo.
foto interior tomada de internet

Me gusta la arquitectura sin pretensiones, la que funciona sin desear ser la estrella, la que mira a su usuario y trabaja por él, y en esta iglesia encuentro todo eso, incluso en el deseo expreso del encargado de ella de no dejar fotografiarla en su interior encuentro la idea misma del edificio, la deja todo esto a mis ojos, como  la segunda iglesia más hermosa que he conocido.
Dentro de mi sensación dulce por esta iglesia mezclaré siempre 3 momentos que recordare de mi tía, el primero, la vez que ya yo con años la conocí por primera vez y me causo una curiosa impresión, el segundo una íntima, larga y profunda platica a solas una madrugada después de una fiesta de la purísima (nacional religiosa nicaragüense) en un patio frio y el tercero fue llevarme a conocer sin pretenderlo jamas un edificio dulce y de valor, una iglesia, a su forma soberbia y más imponente que muchas catedrales que se esfuerzan en serlo….

lunes, 7 de noviembre de 2016

TROPEZAR CON ARQUITECTURA Y PLATICAR CON EXTRAÑOS


 
 Mucho se ha escrito sobre como los diseñadores y arquitectos, salen a  la calle y no pueden dejar de consumir formas, materiales  y colores, para muchos de quienes nos acompañan podemos resultar aburridos, sonamos, para otros (la mayoría) como engreídos y críticos a tal punto de disculparse de antemano por si algunas vez cometen el error de invitarnos a sus casas creyendo que caeremos como todo un snob posmoderno destruyendo su “humilde espacio”, por fortuna hay quienes nos disfrutan y cometen el error de volverse también observadores de su entorno ellos nos recuerdan y digo error porque es algo a lo que muy probablemente jamás logren escapar.

Mirar se vuelve una distracción, un entretenimiento, algo que nos absorbe, eso paso hace unos días en una visita de campo universitaria sobre una consulta ciudadana en una ciudad puerto de El Salvador, no es necesario detallar lo poco soportable que es para mí habitar una ciudad caliente pero asi es, entonces en búsqueda de un poco de “aire” decidí moverme, de la zona delimitada para la consulta y explorar un poco la escuela que usaban para tal acto, era claro que nadie notaria mi ausencia lo curioso era que no sería necesario cruzar ninguna barrera clara más que una cancha de futbol muy pequeña para encontrar un edificio que me hizo (como todos los buenos edificios hacen) sonreír. Pero en esta ocasión la sonrisa era doble porque la escuela que estaba frente a mi me daba la razón en mi lucha constante por creer para mí mismo que se puede hacer buena arquitectura en este país solo falta el deseo, y ser bueno, lo demás viene por su cuenta. 

Encontré a pasos una escuela que nada envidiaría a cualquier publicación “feisbuquera” de edificios de arquitectura utlitaria con un uso de materiales “distinto, unico y original” y casi una oda al mundo hipsteriano que temporalmente habitamos, con la enorme diferencia que este tiene mas de 40 años y no es obra de un estudio con nombre estrafalario y  de jovencitos vestidos extrañamete y barbas fuera de tiempo.

La escuela es ahora el Liceo Acajutla, es una composición básica de volúmenes alineados que claramente formas individuales con un ritmo claro y sin jerarquía enfatizada, lo llamativo de la forma es el uso de los materiales de manera franca y limpia, hasta con una arrogancia de dejar claro que el material se subyuga a la forma, es evidente que el diseñador sentía el mismo calor agobiante que yo experimenté minutos antes de pararme a la mitad de la cancha y empezar a tomar fotos del conjunto, entendió que las obras deben de adaptarse a su entorno y clima, supo que los estudiantes no aprenden igual si se sienten ahogados por el calor de la zona costera, supo que su reto era climatizar los espacios sin ayuda de un cómodo sistema mecánico, asi que dio a las aulas una “piel” con la cual transpirar, con la cual intercambiar calor con las corrientes de aire del mar, ¿y que utilizo para eso ante la clara limitante económica? Los mismos bloques que usamos en los edificios calientes, oscuros y enclaustrastes que ahora llamamos modernos, bloques de cemento apilados de manera distinta y estratégica, de tal modo de no distraer al alumno, de el centro de su clase pero permitiendo también el paso de la luz, todo en un ritmo de formas honestas y simples.


Los espacios comunes y abiertos tienen otro tratamiento de circulación de aire y barreras físicas resueltos con planos seriados que nuevamente hacen privado incluso el juego del recreo, dando con estas formas seriadas, la separación de los volúmenes principales del edificio.






Mirando con cuidado me encontró  una religiosa que justo después del saludo entendí que debía explicar mi sonrisa al ver las paredes sin decorados ni colores más que el gris del cemento, le dije que era arquitecto y que su escuela me estaba enamorando, ella no hizo caso de mi poesía y me invito a traer a mis hijos el próximo año a estudiar ahí, explique qué hijos no habían ni habrán pronto, así que ella vio desvanecerse un potencial cliente, y supe que así era porque de inmediato empezó a contar las peripecia económicas del ahora colegio privado que nació como solución educativa para los hijos de los empleados de la refinería de petróleo RASA y subsidiada por la misma pero que después de un tiempo paso a sus manos como congregación católica, y  ahora deben de encontrar manera de solventar gastos, con matrículas por estudiantes, donde claro mis hijos inexistentes me vuelve menos interesante, pero tal vez aun algo confiable porque me dejó entrar, explico algo de historia pero no parecía muy cómoda con las fotos, así que no logre la cantidad ni la calidad que hubiera deseado, pero fue amable con solo dejarme pasar y contar algo de historia, el edificio no tiene placa de diseñador, cosa agradable (aunque a veces útil) por que vuelve anónima la buena arquitectura y eso la limpia de egos, más en un proyecto que más de 40 años atrás entendía lo que ahora solo es una moda “social” y que es integrar tu edificio al entorno hacerlo “amigo del medio ambiente” (nótese la ironía) 


Dejé el recorrido muy amablemente guiado, agradeci el tiempo invertido en mi y en oir mi nuevamente segura explicacion de formas, regrese a mi silla a escuchar la ponencia bajo calor sofocante, pero satisfecho por que será siempre agradable encontrar diseños creativos y satisfactoriamente viejos, que nos demuestren que ser bueno no tiene épocas, solo se basa en el deseo de serlo…