miércoles, 21 de octubre de 2015

UN POCO DE BLASFEMIA PARA ADEREZAR EL MES ARQUITECTONICO



Cuando estudiamos una carrera universitaria, en los primeros años tendemos a enamorarnos de quienes en los libros sentaron las bases de lo que ahora estudiamos, es así como los estudiantes de química se encantan con Curie, los de derecho con Robespierre, y los jóvenes informáticos con Alan Turing, pero todo esto va cambiando poco a poco mientras los ciclos se van acumulando y el espíritu crítico se va formando en los jóvenes y van viendo a estos héroes iniciales solo como lo que son, célebres personas que al mismo tiempo que podían ser referentes en su materia también podían no acercarse a la verdad en muchas formas, pero algo curioso sucede en la arquitectura con uno de estos personajes, Jeanneret- Gris el mítico Le Corbusier.

Las redes sociales están inundadas de frases, trazos, memes, e imágenes del arquitecto suizo, y teniendo en cuenta la forma en que esto permea las mentes de jóvenes  arquitectos en potencia en nuestro tiempo, poco a poco este se convierte en un icono de algo difuso, e inentendible pero icono al final, como la imagen universal de rebeldía que representa la fotografía de Ernesto Guevara inmortalizada por Alberto Díaz.

Es así como Le Corbusier (por lo menos en nuestras latitudes) se vuelve una imagen que automáticamente te lleva a pensar que es ese el sueño a alcanzar, y que nuevamente evidencia lo poco que entendemos la arquitectura por no “leerla”, diremos pues que no hay que tener miedo de decir: “YO NO QUIERO SER COMO LE CORBUSIER…”

Y eso es el razonamiento del título de este comentario, hacer eso puede sonar a oídos castos una real blasfemia arquitectónica! so pena de caer en las garras (oídos) de un par de arquitectos que funjan como una comisión inquisidora en cualquier escuela local de arquitectura. Me atreveré entonces a decir que poner a Le Corbusier en pedestal divino es un error, o por lo menos un acto desatinado.

Jeanneret pertenece a un grupo afortunado en un momento histórico afortunado, el movimiento moderno se presenta al mundo en la primera mitad del siglo XX, y es Philip Johnson y Rusell quienes lo nombran “Estilo Internacional” pero no es Le Corbusier quien en verdad sienta sus bases, ese es más mérito de otros que no pasan las mismas glorias de este. La historia arquitectónica (contada por arquitectos) no dan siempre el valor necesario a personajes como Loos, Gropius y el mismo Mondrain desde De Stijl.

Le Corbusier si es un personaje q deja claro sus intenciones, de falta de definición no podremos acusarlo, su obra arquitectónica siempre deseaba decir y proclamar algo, era un hombre definido. La Villa Saboye es eso, su manifiesto, con los 5 componente de la nueva arquitectura, pero no dejaba de ser una idea solitaria en su propia visión, sus defensores consideran la Capilla Ronchamp, la prueba de que no era una mente “encasillada” en las líneas rectas, esta en verdad es una obra hermosa pero está lejos de ser una “prueba” de nada.

Le Corbusier es ante todo un utópico, y por eso es afortuna de haber existido en el tiempo q existió, el representa el ala más soñadora del movimiento moderno, si bien es cierto la vanguardia arquitectónica siempre será un sitio de soñadores, otros en su momento supieron entender y leer el movimiento y dieron su versión más honesta formalmente hablando y quien más sobresalió en eso fue Louis Kahn, quien no tiene su merecido puesto en el panteón arquitectónico.

La utopía es una idea que endulza a los arquitectos que tocan el cielo de la fama o por lo menos eso era así en el siglo pasado antes de que surgieran los Starchitecs, que piensan solo en si mismos y su nombre. Y fueron estas ideas sobre la utopía el fallo Le Corbusier, sus manifiestos siempre giraron alrededor de la ciudad, sus ideas siempre fueron macros, y en esto olvido al hombre, a la persona, creyó que podía educarlos en el uso de la ciudad perfecta, supuso que las personas necesitaban que les diera la ciudad ideal y ellos la usarían desde el primer momento felices, miraba los espacios y las los edificios de apartamentos como “maquinas de habitar”, no comprendía la fascinación de las personas por el mobiliario casi victoriano, simplemente no los comprendía.

La mayor y más grande prueba de su divorcio de la idea de que los usuarios tienen libertad es la Unidad de Habitacion de Marsella, una mole de concreto que ponía a prueba su idea de Modulor que buscaba dar escala humana a lo diseñado, pero que entendía también al humano como un ser irónicamente no urbano, Le Corbusier pretendía que las personas hicieran todo en su edificio excepto transportase y trabajar, suponía que bastaba con hacer un techo agradable y útil para que las personas no desearan salir nunca de el, ideo zonas de comercio dentro del edificio que las personas apenas utilizaron, sus espacios habitacionales son apenas mayores algunos que armarios, con distribuciones de pasillos que a veces parecen interminables, simplemente las personas deseaban salir de él y vivir el exterior.


 Le Corbusier planeaba la ciudad como edificios tan separados entre si que las avenidas serian gigantescas y que en el futuro cada uno de nosotros iríamos al trabajo en nuestro propio avión por lo tanto necesitaríamos pistas de aterrizaje.
Quienes siguieron estas ideas como directrices divinas parieron proyectos que históricamente serán recordados como errores descomunales, como lo son Brasilia y Chandigarh. Afortunadamente otros no siguieron las ideas, porque de haber sido así el Plan para París habría acabado con la ciudad Luz misa. 
Le Corbusier era genial? Si! Pero su aporte justamente deberá quedar en la historia como una de las grandes mentes en la arquitectura, su amor por la utopía es fenomenal y loable, pero no el más grande arquitecto, no cuando otros, vieron el movimiento moderno y su frialdad inicial la llevaron a niveles sublimes de experiencias espaciales únicas, como las obras de quien ya mencionamos, Louis Kahn.

Si rechazar a Le Corbusier es una idea acertada o un disparate de mi parte la discusión y el debate lo dirá, y el debate es el motor del conocimiento, poner en duda todo y no creer nada a la primera.

El producto arquitectónico debe de centrarse en la persona, Le Corbusier lo entendía, y sus cartas lo enfatizan pero hay que entender a la persona como un ente que decide y razona, el arquitecto no es nada parecido a un dios que designa lo mejor para el humano que ve como usuario, el pecado de Le Corbusier fue no creer que las personas deciden, vio lo urbano como un sistema que presindia de los anhelos humanos, ese pecado es popular entre los arquitectos y puede cambiar de escala, hasta llegar a nosotros, cuando diseñamos espacios pretendiendo “educar” a las personas, sin pensar en ellas, no es absurdo ni irreal vemos esto en nuestra propia ciudad, en lo que se refiere a los mercados municipales como un ejemplo, si, los mercados, como ejemplo de pecados Le Corbusianos (si el termino existe) cuyos diseños son soberbios pero la personas no se sienten bien en ellos, pero eso será un tema interesante para una próxima entrada…. 

Pd. Este mes celebramos en este país el día del Arquitecto, no comentare si es significativa esa fecha, pero curioso si es que también se celebre alrededor del mundo justo ese día el día internacional contra el dolor, en este país duele, amar la arquitectura….

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